XALAPA: Cuando el juego es trabajar

José Armando vende chicles en los cruceros de Xalapa. Él es solo uno de los 250 menores de edad que lo hacen en la capital

Zona Centro

El Universal - 2012-02-28

José Armando tiene un mes de vivir en Xalapa; llegó a la capital veracruzana por recomendación de su primo Domingo (Rominko en tzotzil), ambos menores de edad, venden diferentes productos en la calles xalapeñas junto con Fernando, su primo.

El trío de chiapanecos son originarios de la comunidad de Chuntic a medio hora de San Juan Chamula, Chiapas, describe José. "Me vine para acá a vender chicles, mi primo se vino antes", cuenta José.

Ellos forman parte de los cerca de 250 menores en situación de calle y trabajores menores de edad en Xalapa, según fuentes de la Procuraduría de la Defensa del Menor, la Familia y el Indígena en Veracruz.

Hablan español pero forzado, prefieren utilizar tzotzil, su dialecto, que como narra José lo aprenden desde pequeños con la ayuda de sus padres: "A mí me gusta mi dialecto, con mis primos nos hablamos Tzotzil y la gente nos pregunta que idioma hablamos y que de donde venimos".

Para ellos su dialecto es cotidiano y representa su lugar de origen sin embargo reconocen que por no dominar el español no los contratan en diversos lugares: "Lo que no sabemos bien, es hablar español y queremos aprender para poder trabajar bien".

Mientras José Armando describe su situación laboral, a petición escribe en tzotzil las palabras que le recuerdan más de su hogar.

Dice que Na: significa casa, allí dejo a dos hermanos más chicos, luego escribe Métik: mamá y Totik: papá; quienes se dedican a sembrar frijol, maíz y calabaza. Por último José comparte los animales que añora de Chuntic: Tsí-perro, Vakak-vaca y Alak-gallina.

José Armando comparó el trato que se da a los ancianos en Chuntic y el que observa en la ciudad indicando que se preserva el respeto hacia los abuelos: "se respetan y saludan como deben ser, ellos deben de cruzar primero, siempre saludarlos".

El imaginario colectivo de estos jóvenes chiapanecos sobre el sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) refiere una "precaución": "Me han comentado, dicen que lo lleva todos a Chiapas, no los he visto pero eso dicen", recordando las brigadas que realizó el organismo.

Al referirle al DIF, Armando no cuenta mucho, calla, se previene y no duda en decir: "Yo no quiero regresar todavía quiero estar otros meses por acá".

Él quiere aprovechar su estancia para juntar dinero, no platica un fin específico, pero siempre habla de que será para la familia allá en Chiapas. José Armando tiene solo una palabra en su mente: trabajo.

"Cuando no ando vendiendo chicles me gusta limpiar parabrisas también se gana bien", dice luego de preguntarle sobre que hace cuando deja de vender dulces, no obstante el desea laborar para un autolavado pues ahí asegura le irá mejor.

Con la venta de dulces José paga su comida y la renta de 800 pesos mensuales del cuarto donde vive con sus primos Fernando y Domingo. "Me llevo como 80 o luego 100 pesos diarios todo el día, solo no vengo el domingo por que casi ni gente hay".

El dinero que le sobra lo guarda para lo que José describe como su trabajo ideal, chofer: "Me gustaría ser trabajador de automóvil o algo así, a mi comunidad le faltan choferes y necesitan transporte, pero para empezar necesito juntar dinero para un carrito".

Cuenta que su trabajo actual, vendedor de chicles y dulces, es más tranquilo que labrar la tierra, su antigua labor en Chuntic, donde habitan cerca de 200 personas. "A veces sale la tierra a veces no pero le falta mucho".

El tema escolar para Armando parece ser una anécdota de la niñez pues cuenta los juegos con sus amigos, y lo que aprendía en ese momento.

Dice que le gustaría seguir estudiando pero asegura que el dinero se lo impide. "Me gustaba la escuela pero pues es bonito trabajar", cuenta José quien logró terminar la primaria.

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