ASUNTOS PÚBLICOS: De los tiempos de Acosta Lagunes
Columna de Eduardo Coronel Chiu
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2012-04-13
Resulta de interés, como documento para la historia veracruzana, y a propósito de la conmemoración que ayer celebró el Gobierno del Estado del primer aniversario luctuoso de Agustín Acosta Lagunes (AAL), quien fue gobernador de 1980 a 1986, referir algunas citas a la visión que de su persona y gestión, así como de las condiciones generales del estado, ofrece el recientemente fallecido ex presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado, en su libro Cambio de Rumbo, testimonio de una presidencia, 1982-1988 (en colaboración con la historiadora Alejandra Lajous).
Aunque la gubernatura de Acosta Lagunes fue decidida por el presidente José López Portillo (1976-1982), los cuatro años finales de aquel, y su sucesión, se dieron bajo el mandato de Miguel de la Madrid Hurtado. Eran los tiempos políticos, pre-democráticos, en que dominaba el régimen del PRI de partido hegemónico y presidencialismo, aquella época clásica en que los dos ejes del sistema político eran, en ese orden jerárquico, el Presidente de la República y el partido oficial, cuando el Presidente de la República en turno decidía los nombramientos de gobernadores, además de diputados y senadores, y el partido los legitimaba mediante elecciones controladas y de triunfo asegurado; el carro completo de las fuerzas vivas de la revolución institucionalizada.
Cuatro menciones le merece Agustín Acosta Lagunes al ex presidente de la Madrid, igual número que para su sucesor, Fernando Gutiérrez Barrios, éste elegido por el entonces Presidente de la República, pero en ambas hay coincidencia en caracterizar a Veracruz como un estado de caciques, y a los problemas de inseguridad entre los principales que enfrentaba entonces la entidad veracruzana.
Estado de Caciques
Agustín Acosta Lagunes «es bueno, aunque tiene sus críticas», escribe De la Madrid, y al evaluar el escenario de sucesiones de gobernadores que prevalecía en 1985, opina que Veracruz se encontraba entre los que no presentaban mayores problemas. De menor graduación a otras entidades en las que habría relevo de gobernadores.
Hay un mayor detalle cuando relata, en el contexto de 1986, una vez pasadas las elecciones de gobernador, una serie de hechos que dan cuenta de la visión de Veracruz que tenía Miguel de la Madrid al cuarto año de su gobierno: «En realidad las elecciones transcurrieron con toda normalidad, pues Veracruz es un estado de caciques. Los diversos hechos de sangre ocurridos a lo largo del año y que incluyen a familiares del gobernador Agustín Acosta Lagunes (el asesinato de Felipe «El Indio» Lagunes), son resultado de la actitud de acomodo de este último, que por cierto ha tenido buen éxito, pues en términos políticos, las fuerzas vivas del estado están totalmente planchadas, muy tranquilas. La entidad está caminando, y eso es algo que la prensa no refleja». Sin embargo, se produjo una ola de violencia que culminó el 3 de noviembre (a menos de un mes de que AAL dejara el poder), cuando se supo del asesinato de 21 agentes de la policía perpetrado en la madrugada del día anterior en la zona de Sánchez Taboada (municipio de Hidalgotitlán), al sur de Veracruz. Tras relatar una primera versión que hablaba de un operativo policiaco (federal, estatal y municipal) para decomisar un cargamento de 600 kilogramos de mariguana que iba a ser negociado en el ejido de Sánchez Taboada, durante el cual se dio el enfrentamiento a tiros entre policías y narcotraficantes, De la Madrid cuenta lo que le dijo Acosta Lagunes: «La explicación que me ha dado el gobernador es que los policías le jugaron rudo a los narcotraficantes, de los que eran socios, y que esos se vengaron».
Concluye este episodio MMH con una reflexión: «la presencia de caciques, con la consecuente corrupción y violencia, es un hecho que será difícil de cambiar, pues no existe equilibrio de fuerzas para lograrlo. Tenemos que acomodarlos a las circunstancias y no darnos de bruces con ellas».
Omisiones de la historia local
No se ocupa De la Madrid de la mirada local sobre la gestión de Acosta Lagunes, sobre ello, hay bastante documentación, al menos hemerográfica. De su inicio en persecución a funcionarios del gobierno anterior, la extrema austeridad que ejerció en los primeros años, en los que sudó el dinero público, como de las obras que realizó en el último tramo de su gobierno, entre otras, la carretera de Tamarindo a Xalapa, el Museo de Antropología, con numerosas piezas (varias alguna vez bajo sospecha de ser falsificadas), la restauración de la Hacienda de El Lencero, la casa de Santa Anna, el oratorio San Felipe Neri y la adquisición de pinturas de Diego Rivera. Igualmente el gran impulso al campo veracruzano, en particular la siembra de básicos con estímulos de créditos y otros insumos, en parte por sus raíces rurales, pero también por la importancia que la política agropecuaria tuvo en esos años.
Más sobre el caciquismo
Al comentar De la Madrid sobre el sucesor de Acosta Lagunes, Fernando Gutiérrez Barrios (FGB), cuya nominación juzga ha sido bien recibida, explica alguna de las razones por las que lo eligió: «Se consideró que enfrentaría con éxito el caciquismo y la violencia que caracterizan al estado. También se comentó positivamente el que no tuviera alianzas, no perteneciera a ningún grupo político o económico de Veracruz». Abunda sobre el caciquismo en las regiones del país y en Veracruz y la idea que se tenía desde la Presidencia de las relaciones de poder con las entidades: «No hay que olvidar el tremendo primitivismo que impera en México; no hay que olvidar que al aumentar el localismo tenemos que ponernos en guardia frente al feudalismo. Hay que recordar que hoy por hoy, el centro sirve para moderar a los caciques locales, y que éstos no han desaparecido de nuestro país. Tal vez lo que haya surgido son neo caciquismos, fomentados por los sindicatos y por los poderes económicos. Un buen ejemplo de la vigencia del caciquismo en nuestro país está en Veracruz».
Alcanza a relatar algunas de las primeras acciones del nuevo gobierno contra el caciquismo: «Al poco tiempo de haber tomado posesión asestó un duro golpe al caciquismo en ese estado con la aprehensión en febrero de 1987 de Cirilo Vázquez Lagunes» (asesinado el pasado sexenio), de quien menciona «tiene 35 años y se sospecha que también está metido en el narcotráfico». Lo considera como uno de los caciques más fuertes y que había amenazado con bloqueos de los ganaderos del sur.
Reitera De la Madrid que combatir el caciquismo era una de las misiones de Gutiérrez Barrios: «Es necesario hacerlo a pesar de que los caciques veracruzanos tienen los medios para efectivamente ocasionar un problema político fuerte en la entidad, más allá de la violencia con que puedan responder de inmediato. Hay que corregir el problema de inseguridad pública y asegurar el predominio gubernamental. Estos caciques son capaces de sustraerse a la acción de gobierno. No dejan que en sus áreas de dominio entre el gobierno; conforman verdaderos feudos, verdaderos islotes dentro del Estado». Esos eran los retos de Veracruz, en la óptica presidencial en la mitad de los ochentas.