Cuando estamos en eventos relativos a campañas electorales, o en conferencias de prensa, ante candidatos, en casas de campaña o partidos políticos, los actores están muy contentos, animosos, emocionados, diría bien ‘entusiasmados.’
Todos creen proponernos lo mejor, se creen conocedores de lo que necesitamos los humanos que vivimos en su entorno.
Cuando eso pasa, como un sentimiento algo negativo, o de tristeza, nos recorre. Es que surgen muchos recuerdos, pero estos salen a relucir simultáneamente al notar cosas que en estas campañas, a diferencia de las vividas en la infancia y la juventud, había y ahora, no hay.
Es algo raro llegar a la casa de campaña de un partido de oposición y no ver opositores. No hay un montón de amigos campesinos con sus expedientes pidiendo ayuda para resolver en trámites agrarios.
Tampoco hay un montón de jóvenes, principalmente los normalistas, los de las prepas populares, los de las escuelas rurales, que con su alegría y tesón le daban el calor a las iniciativas. Ni se hacen las interminables reuniones deliberando lo que es la vida y leyendo a los grandes filósofos, pensando y re pensando qué es el proletariado y qué es la plusvalía y cómo darle el giro a la economía.
Los de ahora, comparados con aquellos, qué cosa más rara.
Vas a institutos políticos, en los que, ahora se compra pintura, ya no se adquiere papel ulano ni seda para montar sténcil sobre un cabestrillo. Ni se anda juntando aceite quemado para marcar las paredes y los postes, para luego echarse a correr. Lejos quedaron las largas noches picando con la máquina Olivetti el papel para reproducir con el mimeógrafo, palabras de tinta china.
Apenas, y en eso, se da una cuenta de lo que ha progresado el país y lo que se avanzó en el orden de esas cosas, con los años, a fuerza de partidos (y partidas) hacia la democracia.
Ahora no se botea, se tienen por derechos, unos recursos para hacer campañas. Aunque sigue habiendo perifoneo, ya no andan los cantantes en las tarimas y las bateas de las camionetas trovando, ahora transmiten sus canciones en medios digitales y las parodias las suben a youtube para que todos las vean.
Pero qué raro es no ver a las clases populares detrás de los líderes, que tradicionalmente, en todas campañas de cualquier corriente, son los del pueblo. La ventana por la cual se asoman a mostrar, en forma algo clasista, su unidad en las causas relativas a la lógica política y social de carácter ideológico en la izquierda.
Algo anda mal, o México ya cambió tanto.
Quizá es la gente la que ya se asumió en otra dinámica y hay muchas cosas que no vimos pasar.
Ahora esta alegría frenética y la devoción en el apoyo a los candidatos se ejercen del hogar hacia afuera, y no como antes.
La manifestación de las necesidades, se promueve por la unidad de intereses en actos concretos.
El conjunto se moviliza hacia objetivos bien establecidos. Los grupos son liderados por quienes tienen las capacidades y cualidades para proveer y regresar con resultados en sus manos.
Para la ejecución de estas obras soñadas por la gente en su totalidad, se llega en forma vertical mirando al cielo, aunque, como nunca antes, el futuro está en manos de los jóvenes.
Quién sabe si al entrar más en calor se verán las caravanas de alegría que pasan pitando con sus globos y sus matracas, o los que van promoviendo el voto por las colonias saquen las batucadas y las bandas de guerra a hacer relajos, que antes nos tenían preparados toda suertes de carnavales.
¿A dónde se habrán ido esos candidatos indispensables en toda pachanga, fiestas, bodas y quinceañeras que hizo famosos Chava Flores con sus canciones?
Cierto que la tecnología le dio el giro drástico a todo, ahora ya no hay volantes, sino fowlers; en un instante están las fotos en facebook, para que todo México se entere. Ya no se preparan moles para convencer a candidatos con un rico pollito de apoyar mejoras en los hogares y las colonias, ahora se espera que el candidato llegue con los pollitos y el mole.
Si que ha cambiado este país, o al menos, es lo que la gente ve…