Sin grandes expectativas sobre su efecto para modificar las intenciones de voto, condicionadas más por la identificación partidista e intereses de los electores, en su mayoría ya decididas, además de su limitada cobertura en vivo y la falta de interés en gran parte de la población, se realizó ayer el primero de los dos debates que organiza el IFE con la participación de los cuatro candidatos a la Presidencia de la República.
Dentro de un formato acartonado que redujo las oportunidades de exposición y de confrontación de proyectos entre los candidatos, sus intervenciones acotadas a tiempos mínimos para la expresión de ideas, réplicas y contra réplicas sobre cuatro temas generales definidos, Economía y Empleo; Seguridad y Justicia; Desarrollo Social; y Desarrollo Sustentable, apenas permitieron la reiteración condensada de sus ofertas electorales y mostrar algunas escaramuzas entre ellos. En ocasiones los candidatos parecían estar grabando los spots de sus campañas, repitiendo los slogans que difunden en los actos electorales con sus partidarios.
Fue evidente que los cuatro candidatos, Enrique Peña Nieto del PRI-PVEM, Josefina Vázquez Mota del PAN, Andrés Manuel López Obrador del PRD-PT y MC, y Gabriel Quadri del PANAL, adoptaron posturas muy estudiadas y se cuidaron de no salirse del libreto ensayado, por demás acordes al lugar que saben ocupan en las mediciones de opinión sobre la intención del voto.
Spots, ataques y refutaciones
Dadas las tendencias conocidas, una de las características del debate de ayer fueron los ataques (sin mucha fuerza) al puntero Enrique Peña Nieto, por parte de Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, buscando restarle simpatías, obligando a aquel a consumir cierto tiempo al intentar refutarles y provocar alguna reacción ofensiva.
Enrique Peña Nieto, al presentar sus propuestas, no dejó de referir los pobres resultados de los gobiernos del PAN (cuya continuidad representa Vázquez Mota, cuestionando las propuestas de ella con el argumento de por qué no lo hicieron desde el poder en dos sexenios), y contrastar la situación actual con sus compromisos para impulsar el crecimiento económico y el empleo, reajustar la estrategia de seguridad, combatir la pobreza y ampliar la cobertura educativa del país.
Josefina Vázquez Mota intentó un discurso familiar y de género, buscando aprovechar su condición de mujer, pero enredándose en la contradicción de cómo mostrarse diferente cuando sostiene las mismas líneas de política del Gobierno Federal del cual procede. La candidata del PAN invirtió una parte de su tiempo en acusaciones a Peña Nieto, especialmente con señalamiento de supuestos compromisos incumplidos por éste cuando fue gobernador del Estado de México (la línea de golpeo que ha seguido últimamente su campaña), así como las menciones de corrupción en estados gobernados por el PRI, mismas que merecieron el desmentido Peña y las acusaciones para Josefina de haber cobrado sus numerosas faltas como diputada.
Andrés Manuel López Obrador, apegado a su estrategia de campaña, se presentó como el honesto de la película, ofreciéndose como el que sería implacable con la corrupción, el portador del cambio verdadero, frente al PRI y al PAN, a quienes estereotipó como más de lo mismo, marionetas del grupo que «manda en el país». Su blanco favorito fue Peña Nieto, buscó asociarlo con personajes tildados de corruptos, como el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y su antecesor en el gobierno del Estado de México, Arturo Montiel, y lo señaló de ser el candidato de los dueños de las televisoras; en el revire Peña le sacó la corrupción del tesorero del AMLO en el gobierno del DF y del señor de las ligas, René Bejarano, su ex secretario particular, grabado recibiendo dinero del empresario Carlos Ahumada, y su gasto de prensa como jefe de gobierno. Para AMLO, todo será posible a partir de combatir la corrupción, como varita mágica.
Sin nada que perder, pues va a la cola, Gabriel Quadri, del Panal, se aplicó en demostrar sus tablas discursivas; se asumió como el candidato ciudadano, aunque es postulado por el partido de Elba Esther Gordillo, lideresa del SNTE, contrastándose con los otros tres, llamándolos «políticos profesionales», de los que la gente está harta. Como nadie lo atacó, pudo centrarse en hilvanar sus argumentos y poco se ocupó de refutar, salvo a López Obrador, a quien le pegó al menos tres tantos, sobre la cuenta de repartir el Presupuesto de Egresos entre la población, dejando sin materia la actividad del Estado, los segundos pisos viales gratuitos y los subsidios a la luz y los combustibles.
Lugares comunes
No faltaron los lugares comunes de actualidad en los que todos estuvieron de acuerdo, hubo unanimidad contra los monopolios y a favor de la competitividad, la participación privada en energéticos, las reformas estructurales, mantener la presencia militar en el país y promover una mejor policía. No hubo tiempo para que explicaran como pretenden conseguir los objetivos nacionales que ofrecieron.
¿Quién ganó el debate?
Al final todos se declararon triunfadores del debate y celebraron en mítines con sus seguidores. Si bien en la teoría democrática los debates entre candidatos a cargos de elección, al confrontar las opciones, contribuyen a formar opinión y a que los ciudadanos decidan su voto de manera más informada, en la vida práctica del país no se cree que tenga mucha influencia. Los candidatos no se presentan en el vacío, sino en determinados lugares de la escena política, son representantes de fuerzas partidistas que ocupan y controlan ya porciones del electorado a través de redes clientelares y de alianzas celebradas en el marco de las campañas. A estas alturas muchos ya tienen decidido su voto, y estas intenciones se han venido proyectando en las distintas encuestas. La escasa cultura política del país y la reducida cobertura televisiva y radiofónica del debate (ya se verán las cifras de la audiencia o rating) tampoco abonan a considerar al debate como un evento crucial en el proceso electoral. Este debate no pasaría del anecdotario en los pequeños círculos muy interesados en la política, a no ser porque será utilizado por todos los candidatos en su propaganda, en la que pretenderán convencer de que fueron los campeones de la noche.