Este jueves en Xalapa, encuentro de promoción del cacao
Productores y comercializadores intercambiarán experiencias
Zona Centro
COMUNICADO - 2012-05-30
Como un espacio de interacción de los actores involucrados en la producción, comercialización, consumo de productos derivados del cacao mexicano y con la finalidad de promover el producto a nivel nacional e internacional, este jueves 31 en el Casino Jalapeño de esta ciudad se realizará el evento Cacao, esencia que deleita tus sentidos.
Se trata de un encuentro creado para promover al cacao como elemento trascendental de la cultura mexicana con influencia en la producción, comercialización y consumo de sus productos derivados.
Entre las actividades programadas se anuncia el panel Historia con esencia, con Edmundo Escamilla, Yuri de Gortari, María Emilia Beyer y Rocío Norzagaray, la expo-venta de productos derivados de cacao y las demostraciones Deleita tu piel: Terapia corporal con chocolate y Elaboración de chocolate artesanal mexicano.
La entrada a la expo-venta es libre y el panel de expertos tiene cupo limitado. Los interesados podrán apartar su lugar en la página web http://cacaoesencia.com.mx.
La leyenda del cacao
Quetzalcóatl, que amaba a los toltecas, les obsequió el don de una planta que había robado a los dioses; sus hermanos la guardaban celosamente, porque de ella obtenían una bebida que, pensaban, estaba destinada sólo para ellos.
Sustrajo el pequeño arbusto de flores rojas, prendidas a las ramas de hojas alargadas, inclinadas hacia la tierra, a la que ofrecía sus oscuros frutos y lo plantó en los campos de Tula, pidiendo a Tláloc que lo alimentara con la lluvia y a Xochiquétzal, que lo adornara con sus flores.
El arbolillo dio sus frutos y el dios recogió las vainas, hizo tostar el fruto, enseñó a molerlo a las mujeres que seguían los trabajos de los hombres y a batirlo con agua en las jícaras. Obtuvieron la preciada bebida, el chocolate, que en principio sólo tomaban los sacerdotes y los nobles.
Los toltecas fueron ricos y sabios, artistas y constructores. Gozaban del rico chocolate y eran felices, lo cual despertó la envidia de los dioses; mas aun, cuando descubrieron que tomaban la bebida destinada a ellos, juraron venganza contra Quetzalcóatl y los toltecas, por lo que llamaron a Tezcatlipoca “Espejo Humeante”, dios de las noches y de las tinieblas, para bajar a la tierra por el hilo de una araña disfrazado de mercader y sorprender en su palacio al dios triste, pues sus sueños le habían hecho saber que los dioses preparaban venganza y temía por el pueblo al que había hecho rico, sabio y feliz. El falso comerciante se acercó a él y le dijo:
- ¿Por qué estás triste, Ometecutli? - Porque los dioses han decretado mi perdición y el exterminio del pueblo tolteca. - Yo te ofrezco con este licor el olvido de tus penas y la alegría… Tómalo y serás nuevamente feliz, y lo darás a tu pueblo para que sea feliz también.
Quetzalcóatl, que amaba al pueblo tolteca, creyó las palabras embusteras de Tezcatlipoca y bebió el jugo que se le ofrecía, que era el octli, el jugo fermentado del metl, el maguey, llamado por el pueblo tlachiuhtli, el pulque; el dios cayó embriagado ante el gran regocijo del malvado Tezcatlipoca, y bailó y gritó frente al escándalo de su pueblo que lo observaba hacer gestos ridículos.
Después de rendirse al sueño, el dios despertó con la boca amarga y un dolor profundo, al darse cuenta de que los dioses lo habían deshonrado y que se preparaba para la ruina del pueblo tolteca y la caída de la gloriosa Tollan. Al sentir que ya nunca podría ver a los que había enseñado a ser buenos y honrados sin tener vergüenza, decidió marcharse hacia el rumbo de la estrella vespertina, su casa.
Emprendió el camino llorando, descubriendo que al día siguiente de su embriaguez, las plantas del cacao, de verdes y frondosas, se habían transformado en secas y espinosas: en mezquites.
Viajó entonces hacia el mar de Coatzacoalcos y allí arrojó, por última vez, las semillas del cacao, que bajo su mano florecieron y quedaron ahí como la postrera dádiva del dios luminoso. Después entró al mar y, aprovechando un rayo de la luz de la estrella de la tarde, se volvió a su morada de luz.