+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicado en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2014-03-24
El México que éramos hace 20 años sigue conmemorando efemérides. 1994 (una década más que la literaria distopía Orwelliana) fue un año de agitación, violencia política y descalabros económicos, del que mucho se ha hablado y escrito en distintos géneros y tonos; con todo y las grandes polémicas y conflictos de interpretaciones a que ha dado lugar ese periodo crítico de la historia nacional, persisten hasta hoy misterios que posiblemente nunca serán resueltos.
Lo inacabado e insatisfactorio de las explicaciones, alimento cíclico de nuevas entregas, hace que con las efemérides se retomen los hechos indudables y regrese el tema por unos días, especialmente en los cortes de periodos históricos, como ahora que se cumplen 20 años de aquella coyuntura en muchos aspectos terrible. 1994, como registra la historiografía, fuel el último año de gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), el inicio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, con Estados Unidos y Canadá, el año del levantamiento de la guerrilla zapatista en Chiapas; también, como ayer se recordó, el del asesinato a quemarropa en un mitin en un barrio de Tijuana –Lomas Taurinas- del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta; el homicida le dio dos balazos en la cabeza, vulnerando inexplicablemente su círculo de seguridad, como fondo musical La Culebra, que te pica los pies; el echo provocó una crisis política en el grupo gobernante, no sólo por la violencia contra su candidato, sino por las presunciones de que se trata de un “Crimen de Estado”, apoyado en las versiones y tantas anécdotas de que había una ruptura entre el candidato y el presidente; o “contra el jefe del grupo, Salinas de Gortari, por sus pretensiones de Maximato; entre las mucha hipótesis de entonces, la lucha interna de Nomenklatura priista, una de la cabezas, el ex gobernador de Veracruz y ex secretario de Gobierno, Fernando Gutiérrez Barrios, opositor de la tecnocracia salinista en que se dio la sucesión de emergencia; el nuevo dedazo priista favoreció a Ernesto Zedillo Ponce de León, coordinador de campaña de Colosio. La violencia política no acabó ahí. En ese mismo año fue acecinado, también a quemarropa en una calle de la ciudad de México, el entonces secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu –ex cuñado del presidente Salinas, padre de la actual secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu; gano la elección el PRI con Zedillo, en una campaña de miedo contra la desestabilización, frente al candidato de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas –que ya había perdido en 1988 contra Salinas- en cuestionada elección (se cayó el sistema), y ante el candidato del PAN, Diego Fernández de Ceballos, a quien se le señala haberse replegado en la contienda después de haber ganado el primer debate televisivo entre candidatos a la presidencia. El año acabó en hundimiento económico. Al primer mes de asumir la presidencia Zedillo, se produjo una abrupta devaluación del peso y una gigantesca salida de capitales (se dice que avisada por el Secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche) que puso al borde de la quiebra al país, el llamado “error de diciembre”.
LOS DE VERACRUZ
En Veracruz gobernaba el PRI; era gobernador Patricio Chirinos (1992-1998) y su secretario de gobierno era el hoy panista Miguel Ángel Yunes, el primero salinista y ambos “colosistas”, quedaron reducidos a expensas de Zedillo, a la muerte de Colosio.
El ex gobernador, Dante Delgado, era embajador en Italia, al saber del homicidio del candidato dejó la embajada intempestivamente para venir a promover la candidatura alterna de Fernando Gutiérrez Barrios. En las negociaciones concedieron al grupo de FGB que Dante Delgado fuera secretario de organización del PRI en la campaña de Zedillo. Gutiérrez Barrios (difunto) intentó ser el candidato a la Presidencia de la clase política tradicional, la que estaba en rivalidad sucesoria con los tecnócratas del salinismo. Se le investigó en la hipótesis del complot “contra Salinas y su candidato”. Juan Maldonado Pereda (difunto), ex secretario de Educación en el gobierno de Miguel Alemán, era en 1994 el delegado del PRI en Baja California, presente en el mitin trágico de Lomas Taurinas. El militar Domiro García Reyes, de Poza Rica, era del Estado Mayor Presidencial, y fungía como jefe de seguridad personal del candidato; estuvo a su lado el día del homicidio, y se le investigó por su participación en el crimen. En 2010, Domiro apareció en el cuerpo de Seguridad Pública de Veracruz, nombrado director de operaciones.
NADIE SABE, NADIE SUPO
Cerrado el expediente de la investigación del crimen de Colosio, tras una danza de fiscales especiales –cuatro-, que aseguran haber examinado más de 20 hipótesis, la conclusión oficial fue la tesis del “asesino solitario”. Hay un culpable en prisión desde hace 20 años, Mario Aburto Martínez, el Caballero Águila (el primero, por cierto, interrogado fuera de proceso penal ordinario por Manlio Fabio Beltrones, entonces gobernador de Sonora), al lado de novelescas tramas de que hubo “varios Aburtos” otros tiradores y sustitución de personas; que el Aburto que está preso ni la madre biológica de Mario Aburto lo reconoce. Un asesino solitario, con una pistola Berreta, acabó con una emergente líder político nacional, por motivos de patología criminal.
Las circunstancias fértiles y a la teoría de la conspiración desconfían de la versión oficial, cerrada y con muchos expedientes reservados a la apertura pública. Parece regla de opinión pública, todo magnicidio conduce especulaciones de complot de Estado.
EL MITO
Las condiciones políticas y sus personajes dieron hasta para hacer una película, Colosio, El Asesinato, en la que se subraya la hipótesis del crimen del Estado –anti priismo, con tufo de propaganda-, financiada por los organismos públicos federales del cine de la era del PAN, y estrenada en medio de la contienda electoral por la presidencia en 2012.
Con su muerte trágica, Colosio se convirtió en un mito. De su grupo político personal no queda nada. Los testimonios de su personalidad y de lo que habría sido como gobernante, que no fue, nutren reelaboraciones de anécdotas y perfiles imaginarios, trazan la historia que no fue.
Poco después de su muerte, el PRI promovió estatuas en su memoria y renombró su institución de Estudios Económicos, Políticos y Sociales, la Fundación Colosio, AC.
Bajo el sistema político autoritario en el que escaló y fue sacrificado, Colosio nunca tuvo una personalidad propia; en su último tramo de ascenso se hizo al cobijo de Salinas de Gortari, fue su delfín, al menos hasta su destape. Se ha mitificado aquel discurso previo a su asesinato “México tiene hambre de justicia”, como punto de quiebre en su relación con Salinas, pero no es más que pura especulación. Si era demócrata y partidario de la justicia social, para la construcción del mito es irrelevante.
Reducidos los homenajes en los dos sexenios del PAN, a los 20 años de su sacrificio, y con el regreso del PRI al poder, ayer los de este partido, más que rendirle tributo, se apropiaron de su memoria mítica. En los actos oficiales, pregonaron que las reformas de Peña Nieto están inspiradas en el ideario de Colosio ( el mito). Todos ayer fueron Colosio.