Imaginamos a los huastecos con un pectoral y adornos en su cuerpo
elaborados con conchas y caracoles.
Zona Norte
- 2011-06-20
Imaginamos a los huastecos con un pectoral y adornos en su cuerpo elaborados con conchas y caracoles, además vestían ropas de algodón policromas o “mantas de mil colores” y cazaban en sus pantorrillas, pulseras elaboradas con plumas rojas; si a esto añadimos pulseras y collares de piedras preciosas podemos visualizar su imagen, estaremos ante un huasteca, huaxteco, o cuexteco, que fue el nombre despectivo, que a este grupo indígena le dieron los náhuatl.
Convivían estos pueblos en la región comprendida entre Tamaulipas, San Luis Potosí y norte de Veracruz, los “huastecas”, como los llamó Paul Westheim en las ideas fundamentales del arte prehispánico en México, estos habitantes del
país, antes de la llegada de los españoles, cosechaban maíz y algodón,
al menos tres veces al año.
Eran entonces económicamente superiores a los demás grupos étnicos por lo que se daban el lujo de portar vestidos ricos y suntuosos, con brazaletes de oro con toda clase de piedras preciosas como esmeraldas y turquesas, de las conchas de caracol hacían tantas obras de una belleza y manufactura tan definida, que otro autor, Hermann Beyer opina que “son huastecos todos los trabajos de concha del México antiguo, no importa en donde se hayan hallado.”
En el entorno de los huastecos no han encontrado una inversión de su tiempo en obras bellas de la arquitectura, sino en su persona, al cultivar además del
vestido, la joyería y los enseres, dijeron de ello los nahuas que “se
galaneaban mucho”, destaca en ellos su alegría de vivir, y hasta fueron
acusados de libertinos.
El huasteco es libertino y su dios Tlazeteótol no censura la lujuria ni la tiene por pecado, a diferencia de los náhuatl, que censuran a esta civilización que adopta, a menudo, aspectos de franco libertinaje lo que es censurado por su dio Tezcatlipoca; es de suponerse que se pusieran del lado de ellos los
españoles a su llegada, quienes informados por los nahuas de las actividades de los huastecos, rápidamente se escandalizaron.
Han dicho que “no traían maxtles para cubrir sus vergüenzas”, por no decir que
andaban desnudos; y cuentan que esta costumbre acabó cuando llegaron los españoles, que los mandaron a vestirse.
Además no les gustaba gran cosa que los huastecos los vacilaran, pues en una palabra, ellos tenían por costumbre montar engaños que llamaron “bufonadas o
prestidigitaciones” pues eran capaces de mostrar lo verdadero como falso; por ejemplo ilusionismo, como hacer ver que se quemaban las casas; o que en una fuente habían peces; y no había nada.
Han difundido información sobre los huastecos y su preferencia por el vino, pero este grupo tiene mucho más que mostrar, y que se va recuperando, gracias a
autores como Ramón Mena, quien hizo el catálogo del salón secreto; Paul
Kirchhof, autor de Mayas y Olmecas; y Meade quienes han descrito el culto fálico del grupo que era de carácter religioso y de una devoción que involucra también a deidades femeninas; así como numerosas deidades de la vegetación y dadoras de riqueza.